viernes, 29 de julio de 2016

La princesa del azar ( Continuación)

Bernardo llamó a su amigo, el empresario para invitarlo a cenar, necesitaba hablar con alguien y, después de todo él había sido el causante de su enamoramiento cuando lo llevó a El Azar y le presentó a quien ahora lo tenía cautivado. Le comentó su interés por Aurora, el amigo lo escuchó y al principio, pensó que estaba bromeando.  Finalmente cuando Bernardo habló de casamiento, debió admitir que el estanciero hablaba en serio. Lo vio tan firme en su comentario que no le pareció oportuno aconsejarlo, era un hombre responsable de sus actos y había que reconocer que si de tener una mujer hermosa se trataba, su amigo había hecho un buena elección. En cambio si se pensaba en lo distinto que era el medio en que ella siempre se había desenvuelto y el lejano sur, ya era para pensarlo muy bien y así se lo hizo saber. Después de señalarle esa circunstancia y respuesta mediante, supo que Bernardo estaba decidido a todo.
A media mañana del día siguiente Aurora le hizo un llamado al hotel. La conversación fue breve para lo que el ansioso pretendiente hubiera deseado y quedaron en almorzar en un restaurante de Palermo que ambos conocían. El llegó antes y mientras esperaba pidió un Martini. Cuando ella llegó él se puso de pie para recibirla y se saludaron dándose las manos, luego la ayudó a quitarse el abrigo y le acercó  la silla para que tomara asiento.
Ella aceptó un aperitivo, él solicitó otro Martini. Luego conversaron con tranquilidad, fundamentaron sus posiciones y se explayaron el uno porque sí la otra porque no. Bernardo sacó como conclusión que su pretendida tenía temores a cambiar su estado actual y afirmó su oferta respecto de que en caso que ella lo aceptara lo primero sería concretar el casamiento con lo que le aseguraba el futuro y puso toda su oratoria en demostrarle cuánto más sólida sería su situación como esposa de un estanciero que como socia de una casa de juego y concubina del dueño.
Esa tarde pasearon por el parque, y mientras la mujer se mostraba más dispuesta a la contemplación silenciosa, él  locuazmente hacía planes para una vida juntos en la cual trató que ella pudiera imaginar los verdes campos del sur, los ríos y lagos de aguas azules los cielos diáfanos en primavera y los nubarrones que traían precipitaciones en invierno invitando a recogerse en la comodidad de la casa confortablemente ubicados al calor del fuego del hogar. Esa tarde se despidieron sin que Bernardo obtuviera un sí definitivo mas el silencio dubitativo de Aurora le renovó la esperanza de un futuro sí  .
Ella se fue de aquel encuentro con la seguridad que el amor manifestado por Bernardo era verdadero y  dotado de las mejores intenciones. Esto   la hizo sentir  preocupada por la conversación que había tenido el día antes con Esteban. No quisiera  que finalmente aquello terminara en  una actitud desleal hacia Bernardo. (Continuará)
Los hechos y personajes de este relato son ficticios. Prohibido el uso parcial o total del relato. 

viernes, 22 de julio de 2016

La Princesa del Azar (Continuación)


Las palabras de Aurora lo dejaron frío, bebió de su vaso, se rearmo, recordó  ese mes pasado en el sur, en que cada día había pensado en ella. Ahora  resolvió que  para ganársela estaba allí y que allí y ahora era el momento. Entonces decidió jugarse, no por nada estaban en un casino, un lugar donde otros concurrían para jugarse fortunas, muchas veces a todo o nada.
– Seré franco. Era la segunda vez que Bernardo decía la frase esa noche. –Soy un hombre solo, vivo la mayor parte del año en el campo y, si bien tuve en mi juventud una aventura amorosa, después sólo he tenido relaciones que han sido meros pasatiempos…No  me decidí a formar un hogar porque entiendo que no ha sido amor lo que me ha impulsado a dichas relaciones. Hace poco más de un mes, cuando por mediación de mi amigo conocí este lugar y en él a usted, Aurora, me invadió un sentimiento nuevo, desconocido hasta entonces. Volví a fuerza de voluntad a mis obligaciones en la estancia, cuando en realidad mi alma y mi cuerpo querían permanecer en la ciudad sólo para estar cerca suyo y poder verla.
La mujer lo escuchaba sin atinar a interrumpirlo. La vehemencia de Bernardo la mantenía imposibilitada de reaccionar. El prosiguió –Lo medité mucho antes de volver aquí, he reflexionado y he llegado cada vez a la misma conclusión, la necesito a mi lado.
Ella, en un esfuerzo por salir de su estupor logró articular palabras para decirle:
 – Bernardo puedo creer que usted me esté haciendo este planteo- lo interrumpió Aurora- Y que yo lo escuche como si hubiera alguna posibilidad. Quítese esa idea de la cabeza. El dueño, que a la vez es mi socio y mi pareja, se encuentra en la oficina del primer piso. No puedo seguir escuchando este planteo suyo, por favor no insista, dejemos así las cosas y conservemos esta amistad.
Él entonces, lejos de rendirse le habló pintando  un panorama atractivo de la vida en el campo, la familia en una cómoda casa. Le dijo que él siendo aun joven quería tener hijos y que ella, siéndolo  más aun sería ideal para acompañarlo, en el campo tendría tiempo de hacer tareas como dueña…y repitió dueña. No tendría que realizar tareas domésticas ni cocinar si no lo deseaba porque en la estancia había personal para que  lo hiciera.
No soy una mujer que pueda adaptarse a vivir en el campo, ya me ve usted aquí, en un ámbito donde se reúne la gente, donde hay música, luces, vida. Yo siempre he vivido en la ciudad y creo que moriría de aburrimiento en una estancia… ¿Qué haría yo allí?
-Aurora, por favor permítame que le diga dos cosas y  le prometo que será lo último que le diga esta noche: si Ud. me da la felicidad de unirse a mí, no viviremos siempre en la estancia, sino que matizaremos con estadías en la capital provincial y aquí también para que no extrañe esta ciudad. Y la otra salvedad, sabiendo que usted no está casada con su socio, es que  le prometo casarnos legalmente, soy mayor que usted,  y si un día yo falto, usted y nuestros hijos heredarán mi capital.
Hubo un silencio, Bernardo parecía haber terminado su alegato y Aurora estaba muda. Él bebió. Ella también lo hizo. El la miraba a la espera de su reacción. Ella había fijado su vista en la copa como no queriendo levantar la vista  para no mirarlo a la cara.
-¿Puedo abrigar una esperanza? Pregunto él.
-Estoy aturdida, Bernardo…Entienda que me propone un giro de trescientos sesenta grados en mi vida;  le pido que no vuelva a verme aquí- A él se le cayó el alma al piso. Después ella agregó: –Le pido que hablemos en otro lugar.
 Entonces él vislumbró una luz de esperanza, le había vuelto el alma al cuerpo, se disculpó porque entendía que el ámbito del casino no era el más apropiado, pero que dadas las circunstancias no hubiera sabido dónde más encontrarla. Le dejó el número de teléfono del hotel donde se alojaba, ella accedió a llamarlo para volver a conversar. Se despidió emocionado mientras la mujer quedó atónita y lo despidió sin  entender  cómo habían llegado a ese punto. El por su parte retiró su sobretodo del guardarropas y salió a la noche de Buenos Aires, donde el aire fresco y las luces parecían compartir su júbilo.-
Este relato es totalmente imaginado por quien edita este Blog, no guarda relación con personas reales.- No está permitido el uso parcial ni total del texto.-Continuará.-

viernes, 15 de julio de 2016

"La Princesa del Azar"

Hoy se  reanuda el relato “La Princesa del Azar” cuyos hechos y personajes son totalmente imaginarios.-
En adelante las entradas se publicarán   los viernes;
Este relato se inició el día 03./10/2013; Para leerlo desde el principio hay que retroceder en las páginas del Blog.
La sorpresa se reflejó en el rostro de Aurora. Lo que menos había  esperado era ver esa  noche en la barra a su amigo, el estanciero sureño. Él se levantó para saludarla y cuando ella extendió su mano, el hombre inclinó la cabeza y acercó sus labios al dorso sin llegar a rozarla, pero tan cerca estuvieron de hacerlo  que la dama  percibió el calor que exhalaban.
-Buenas noches- dijo ella y él, a manera de saludo -Dichosos los ojos que la ven.
Aunque pensó que la frase había sido cursi, a la homenajeada le quedó claro que Bernardo estaba siendo sincero, precisamente por eso alejó rápidamente ese pensamiento y manifestó su sorpresa por encontrarlo allí esa noche. –Quiero serle franco – dijo él y ella se estremeció. Hubiera preferido que no estuviera allí esa noche y en lo posible nunca hubiera estado antes y menos que volviera a estar en el futuro.  Al fin y al cabo, su situación presente era cómoda en el rol de socia de Esteban. ¿Qué se proponía este señor al aparecer tan decidido a galantearla. Ya en su estadía anterior tuvieron un amago de simpatía mutua, pero pareció ser nada más que eso.  Ahora apareciendo de pronto en El Azar, su inquietud pasó a ser preocupación.
–Le decía …- Dijo él interrumpiéndole el pensamiento.
-Disculpe, ¿Me decía?
Entonces Bernardo le relató que había adelantado su viaje a la ciudad para volver a tener el privilegio de verla. –Es muy amable , pero no debió  tomarse esa molestia.- Bernardo lejos de amilanarse le replicó:- Al menos acepte que le invite con una copa. – Como usted sabe, estoy trabajando- Argumentó ella sin pensar que era habitual que sostuviera  una copa en la mano, no importando si contenía whisky o té azucarado. Él, ya en papel de decidido de cortejante argumentó a favor de su causa: -He recorrido mil quinientos kilómetros para ofrecerle una copa.
Aurora no pudo evitar reír de buena gana ante el alegato. Pero, se arrepintió al instante de haberlo hecho. No obstante dijo –Está bien, un whisky.
Encantado de su logro, él transmitió el pedido al barman y como éste, conociendo los códigos, fue a servirle de la botella especialmente preparada para la señora, ella le ordenó:
- Servime un Chivas.
Necesitaba un trago. Lo que estaba sucediendo era muy fuerte y ella pretendía darse fuerzas con un sorbo de alcohol, calmarse y pensar la mejor estrategia para desalentar a aquel pretendiente que el destino le había enviado sin consultarla. Bebió y mientras lo hacía se preguntó cuál sería la intención del estanciero. Se trataría de un simple capricho de un tipo adinerado que buscaba una aventura o estaría frente a una intención seria.
Mientras ella discurría con el pensamiento tales posibilidades, Bernardo le hablaba sobre el largo viaje y su llegada esa tarde a Buenos Aires; poniendo énfasis en la felicidad de estar de nuevo en El Azar. En ese punto, Aurora juntó coraje para replicarle: -Realmente me ha sorprendido su presencia esta noche y más al fundamentar su viaje en la intención de verme. Señor Cuenco, debo hacerle saber que, además de socia  en “El Azar”, soy la pareja del dueño. ¿No se lo comentó su amigo?
Este relato es totalmente imaginado por quien edita este Blog, no guarda relación con personas reales.- No está permitido el uso parcial ni total del texto.-Continuará.-

viernes, 7 de marzo de 2014

"La Princesa del Azar" (Relato imaginario)



Decisión

Había pasado sólo un mes del viaje en que conociera a Aurora. En ese mes, Bernardo trabajó casi sin descanso, a destajo, para mantener la mente tranquila porque en realidad su deseo era haber vuelto a Buenos Aires a la semana. Necesitaba volver a hablar con la mujer que ahora ocupaba su pensamiento y sus ansias. Sabia por su amigo que ella era socia y mujer del dueño de Azar pero no le importó. El siempre había tenido las mujeres que había querido y si ahora mismo saliera a buscar esposa en el ámbito vecinal, en el pueblo cercano y aun en toda la provincia, habría podido elegir entre muchas interesadas de buena posición y buenas familias. Pero, cosa rara el corazón, se había empecinado en tomar para compartir su vida a una mujer de la noche de Buenos Aires.

Durante ese mes, después de su regreso trató de telefonearle pero no consiguió hacerlo, no era bueno el servicio de larga distancia y un par de veces en que logró comunicarse con la casa de juego, lo atendieron empleados e incluso una vez el mismo Esteban, por lo que fingió una equivocación; en realidad eran tantas las interferencias que desistió de volver a llamar.

Así fue que, para sorpresa del capataz y más de Marta, adelantó el viaje que habitualmente hubiera hecho dos meses más adelante y decidió volver a la capital a sólo un mes de haber regresado a la estancia. De nuevo el viaje en su camioneta hasta tomar el tren y ya en este viajar todo un día y una noche hasta el destino tan deseado. Algún viejo peón, de haber sabido el motivo que impulsaba al patrón por ese largo viaje, habría repetido el conocido verso de la poesía gauchesca: “Es sonso el cristiano macho cuando el amor lo domina…”

O tal vez no tan sonso, porque Aurora era una muy bella mujer, en una edad apetecible y en una relación de edades que contemplaba la aspiración de todo hombre a tener una mujer más joven que él, y por tanto más apetecible. Visto desde este enfoque Bernardo no evidenciaba ser ningún sonso.

El día de su llegada descansó en el hotel; no llamó a nadie como solía hacerlo siempre que llegaba a Buenos Aires, para concertar encuentros con amigas y amigos. Por la noche, en elegante traje a la usanza ciudadana, se dirigió al Azar. Se desplazó por el lugar buscando con la vista a Aurora, no la vio en el puesto de observación que sabía ocupar en la parte alta, así que se dirigió al bar y se ubicó en la barra. Pidió un whisky con hielo que le sirvió de compañía mientras aguardaba la aparición de Aurora.

Pasó una hora antes que ella hiciera su aparición, Bernardo la vio cuando descendía la escalera hacia el salón de juegos. Una emoción inusual en él le hizo sentir un cosquilleo en el estómago y siguió con la vista el recorrido de la mujer. Todos sus anhelos surgidos en el mes transcurrido desde que la conociera, se confirmaron en ese momento en el sentido que deseaba hacerla su mujer. No sabía cómo reaccionaría ella pero él supo allí que su decisión era indeclinable.
(Continuará) Los hechos, lugares y personajes son ficticios; cualquier semejanza con la realidad es meramente casual.


jueves, 19 de diciembre de 2013

"LA PRINCESA DEL AZAR" (relato)

REMANSO

                                                    
Pero dejando al hombre con sus pensamientos, reconozcamos el sector por donde caminaba Bernardo esa  mañana.  Era el mismo lugar  donde había corrido en su infancia, hasta los seis años  en que había transcurrido allí con sus padres, después sólo en las vacaciones porque el resto del año  lo mandaban a  estudiar como internado en la capital de provincia.
Allí el verde y fresco pasto natural  formaba un tapizado que los caballos mantenían recortado y en el entorno de la casa esa tarea era del peoncito a órdenes de Marta. Los álamos le hacían el encuadre a distintos sectores, el abuelo había plantado varias especies que daban sombra y embellecían el paisaje cercano conformando un parque delicioso con  Abedules, encinas, eucaliptos entre otros y plantas exóticas de bellísimas flores.
Un río de moderado caudal cruza la estancia y en la pampita donde se levanta el casco, va formando meandros a la manera de los ríos de llanura. De importancia vital es lo que sucede con relación a este río del cual, en su parte alta, se toma el agua para la vivienda que es llevada por un canal construido hace ya muchos años, cuando el padre de Bernardo era joven y ya administraba la estancia. Buscaba el confort para su joven esposa y los hijos que vendrían. Anteriormente los abuelos extraían  el agua mediante un molino movido por la fuerza del viento que la extraía y depositaba en un gran tanque tipo australiano de donde algún peón la bombeaba a mano a un tanque instalado en el entretecho de la casa.
Pero en este río, donde en la parte baja abreva el ganado y en verano gustan los peones de darse un chapuzón al concluir las tareas del día, hay un sector al que llaman El Remanso, es un recodo donde el río se aquieta y su curso forma un semicírculo donde, al correr, el agua emite un suave  murmullo como tenue música que calma e invita al descanso reparador. El remanso está rodeado por pastos tiernos y árboles de chacay que impiden a manera de fresca cortina las miradas indiscretas.
Hasta el remanso llegó Bernardo esa mañana y se tendió sobre el fresco tapiz, arrullado por el rumor del agua, repasó sus años de adulto en la estancia, sus relaciones con la gente que lo rodeaba, todos subalternos suyos de una u otra manera, Marta, a quien ya conocemos, el capataz y su familia, los puesteros distribuídos justamente en los cuatro puestos a fin de vigilar y atender los trabajos en la gran extensión de la propiedad y  unos pocos peones  que tenían su casa colectiva en proximidades del casco. Los puesteros eran más estables y tenían una casa donde vivían con su familias. Los puestos  se ubicaban en la propiedad, formando casi un círculo, el más cercano a tres kilómetros del casco y el más alejado a veinte. Los peones solían contratarse en las épocas de más trabajo: arreos, esquilas, pariciones, cosecha del pasto, entre otras. El peoncito de la casa, Jaime,  era hijo de un puestero, y era de los estables con otro par de peones mayores que trabajaban desde varios años atrás.
Curiosamente Bernardo nunca se sentía solo en Piedra Amarilla, ocupado en el trabajo y en los recuerdos y porque cuando tenía ganas de tratar con otra gente, más allá de su vida cotidiana en la estancia, se iba al pueblo más próximo del cual lo separaban unos cincuenta kilómetros. Allí tenía amistades. Podía reunirse en el hotel principal con otros estancieros , comerciantes y otros notables así como con ciertas amigas que conocía y con algunas de las que, sucesivamente, había mantenido noviazgos pero que viéndolas ahora en el repaso de esos años transcurridos sólo habían sido pasatiempos. Fue por eso pensó, que aquel lugar donde vivía se había transformado en un paraíso…Sin Eva…

……………………………………………………Continuará……………………………………………….
Los hechos , personajes y lugares del presente relato son imaginarios. 
Imagen:tomada por Pablo E. Quiroga. en el lago Curruhué Chico, Pcia. Neuquén

jueves, 5 de diciembre de 2013

LA PRINCESA DEL AZAR


RECORDÁNDOLA

                                                                            Imagen tomada por Pablo E. Quiroga

RECORDÁNDOLA
Al dia siguiente Bernardo se despertó temprano pero con su cuerpo todavía cansado por el largo viaje. El traqueteo del tren donde siempre viajaba en camarote, lo cual no significaba que pudiera dormir sino que era un constante adormilarse para despertar segundos después, ya por los cambios de marcha o porque se detenía en una estación, ahí sía el cansancio lo dejaba dormir pero, a los pocos minutos cuando un tirón ponía el convoy en movimiento, se despertaba bruscamente. Y de nuevo el movimiento rítmico al avanzar las ruedas de metal sobre sobre rieles de acero. Sumado a ello el viaje de cuatro horas por el camino enripiado en partes y con tantos pozos y desniveles.

Pero no eran las incomodidades las que ocuparon su pensamiento esa mañana y es seguro que de buen agrado emprendería de inmediato otro viaje a Buenos Aires porque despertó recordando al Azar y a la mujer que allá conociera y que ya estaba instalada en sus afectos.
Todo el ámbito de la casa de juego con sus distintos sectores se le representaban tan apetecibles con las luces y el bullicio de la gente más la música muy suave y en cada sector la figura de Aurora, radiante y enigmática en ese ámbito donde a él se le antojó como una reina en todo el esplendor de una sofisticada corte de la alegría y los placeres.

Era seguro que Marta estaría desde muy temprano cumpliendo su tarea silenciosa y con el desayuno listo para él. Por su parte el capataz lo iba a esperar para recibir indicaciones acerca de algunos asuntos del quehacer habitual de la estancia. Esto lo trajo a la realidad y antes que  llamaran a su puerta, tomó impulso reuniendo todas sus fuerzas, especialmente de voluntad para levantarse y disponerse al trabajo. Como siempre, el desayuno preparado por Marta era suculento, compuesto por café, leche, pan casero y varias mermeladas que ella misma preparaba cada verano; y queso, el rico queso preparado por una mujer deel lugar que en primavera y en verano venía cada tres meses a y preparaba allí en la estancia las piezas que alcanzarían para casi todo el año.
Después del desayuno, el patrón salió para encontrarse con Fidel, el capataz,  quien lo puso al tanto de todo lo acontecido en los días de su ausencia. Bernardo le dio las indicaciones que consideró necesarias según los planteos del encargado. Un hombre de su entera confianza; como lo era Marta en la casa, Fidel era su brazo derecho en el trabajo de campo.

Después Bernardo caminó a pie por los alrededores del casco, estaba bastante maltratado por el viaje y por eso postergó, para un par de días después, la salida a caballo para un recorrido mayor. Caminó pausadamente entre el verdor de los antiguos árboles plantados ya en los tiempos de su abuelo. En el freso de la mañana bajo el cielo despejado de nubes, pensó que aquél lugar era lo más semejante a la idea que tenía del paraíso…¡Sin Eva! Fue la repentina acotación de su subconsciente.  


...........................................................................Continuará.........................................................................

"La princesa del Azar" es un relato imaginario, por lo tanto lugares y personajes no son reales.

jueves, 28 de noviembre de 2013

LA PRINCESA DEL AZAR


                                            Dos mujeres trabajando en el campo, dibujo a lápiz de Vicent Van Gogh

DOÑA MARTA
Cuando el tren llegó al final de su recorrido, Bernardo tomó un taxi hasta el hotel donde acostumbraba dejar su camioneta, allí dormiría esa noche antes de emprender la última etapa de su viaje. Una ducha reparadora, una cena reconfortante y disfrutar de una cama en el mejor hotel de la ciudad provinciana, esta vez, acaso por el cansancio o  porque tenía tan presente  a Aurora, no llamó a ninguna de las mujeres que conocía allí.
A la mañana siguiente se dispuso a salir,  cuatro horas le llevaría recorrer los trescientos kilómetros por un camino de ripio, de modo que hizo revisar los neumáticos y llenar el tanque de combustible.
Llegaría a la estancia pasado el mediodía. El camino era bastante monótono, igual que el paisaje por la meseta patagónica, recién entrando a la precordillera, unos cien kilómetros antes de llegar a “Piedra Amarilla” el paisaje se hacía más interesante, el camino se tornaba algo más sinuoso y comenzaba a verse a lo lejos el perfil de la cordillera donde se destacaban las cumbres nevadas.
Con alivio traspuso la curva que llamaban del Chacay y vio aparecer las casas de la estancia, en el valle apacible que era parte de su lugar en el mundo, con el río cuyas aguas brillaban reflejando los rayos solares y en su recorrido dividían en dos la pampa que, protegida por los cerros que la circundaban con la piedra amarilla a manera de centinela, su abuelo había elegido para levantar el casco de la estancia.
Se deleitó de antemano pensando en la comida con que lo esperaría su casera, Doña Marta. Ella sabía las comidas que le gustaban, cómo debían plancharse sus camisas, cómo ordenarle la ropa en el armario; en fin era la mujer de la casa y Bernardo la consideraba como de la familia porque servía allí desde jovencita, cuando aún vivían sus padres. Ahora pasados los sesenta contaba con la ayuda de una muchacha que le ayudaba en las tareas domésticas. Doña Marta era la administradora de la casa y como tal  tenía a sus órdenes un peoncito para proveer la leña para cocina, calefacción y agua caliente y además debía mantener el parque y los jardines que rodeaban la casa.
Como lo hacía siempre, Bernardo había telefoneado desde la ciudad punta de rieles, para hablar con el capataz, inquirir novedades ocurridas en su ausencia y  por si  algo había que llevar o tramitar; a la vez hizo saber a qué hora iniciaría el viaje de modo que pudieran esperarlo y por si acaso algo ocurriera en el camino.
Así es que Doña Marta, sabiendo que su patroncito estaría llegando después del mediodía, mandó encender la caldera para que hubiera agua caliente, ya que lo primero que él haría sería darse un buen baño. Y le preparó un apetitoso asado al horno con papas y dos clases  de ensalada con papas y lechugas de la huerta.

La polvareda en el camino que bajaba hacia el valle les anunció que el patrón ya estaba en sus dominios y en minutos estaría en casa. Marta le gritó al peoncito que abriera la tranquera del casco y de ese modo lo alertaba para que estuviera atento para ayudar con el equipaje.
La mujer de la casa solía preguntarse cuándo su patrón llegaría acompañado de una esposa, porque ella entendía que sería bueno que ya no estuviera viviendo solo. ¿Sería esta vez?
Llegó Bernardo, saludó al capataz que salió a su encuentro y ya en la casa, abrazó a Doña Marta como si fuera su madre, ella dijo:
-cansado, seguro. ¿Qué tal el viaje?
-Largo y cansador, como siempre. ¡Qué bueno llegar a casa, Marta! Siento un rico olorcito a carne asada. Voy a darme rapidito un baño y después haré honor al asadito.

 ………………Continuará…………………………....................................
Los hechos y personajes del relato son ficticios.