jueves, 24 de enero de 2013

"En un verde lejano lugar"

A pesar de la insistencia de Rosario para que la joven respondiera la misiva de Amir, no lo hizo, pensaba que sería reavivar el dolor de su partida y acaso le recordaba cómo, en vano desde niña, había esperado el regreso de su padre. Había decidido dejar las cosas así. En una ilusión que se desvaneció de pronto, como todas las ilusiones.

Mientras tanto Jacinta y Zoilo que pensaban casarse para la navidad habían postergado el evento al ver a Clara tan triste y sumida en una tremenda desazón. Por fin fijaron fecha para el tercer domingo de enero, caía en veinte. Desde noviembre Jacinta practicaba, una hora por día, caminar con zapatos de tacos altos porque en el trabajo diario calzaba zapatillas o alpargatas, así es que sus pies, ensanchados por la libertad del calzado de lona, sufrían mucho para permanecer dentro de los duros zapatos de cuero que Rosario le ayudó a elegir en el negocio de ramos generales de Don Israel, en el centro del pueblo.
Un vestido blanco y sencillo, con un tocado de tul, realzaría la belleza y juventud de la novia mientras que Zoilo vestiría nuevas botas, bombachas criollas negras y tableadas, camisa blanca, pañuelo celeste al cuello donde la novia le bordó las iniciales del nombre, una rastra que le regaló su padre, quien oficiaría de padrino, corralera negra con flores rojas bordadas y sombrero negro también.

Llegó el día, escenarios el juzgado de paz y la iglesia San José. Rosario que sería la madrina, Clarita y un grupo de familiares y amigos de los novios, acompañaron la emoción y el nerviosismo, que mejor vamos a llamar felicidad, de los contrayentes en ese día soleado e inolvidable del verano del mil nueve veinticuatro. Después de las ceremonias, el grupo en alegre caravana de carruajes, mozos a caballo y el automóvil de los Azurin, se encaminó por la calle central de tierra y pedregullo para cumplir con la consabida pasada por la costa del Lácar y luego dirigirse a la Veguita para compartir el almuerzo, que la generosa Rosario ofreció en homenaje a esos buenos hijos suyos que formaban una nueva familia en el verde lugar que era su mundo. Después del asado en el patio, bajo la fresca sombra de los sauces y mimbres hubo baile que animaron los vecinos músicos con acordeona y guitarra. Los novios cortaron la torta de boda que ofrecieron a los invitados y para acompañarla sirvieron sidra que habían puesto a refrescar con bolsas de arpillera humedecidas. Clarita y otras jóvenes se encargaron de atender a los invitados y Rosario, como correspondía, estuvo sentada en la mesa de los novios donde también estuvieron el padre de Zoilo y otros familiares.
La fiesta, animada y alegre continuó hasta que el sol se ocultó detrás del cerro y del Lácar. ................................................................Continuará.....................................................................................................................Los hechos y personajes del presente relato son ficticios.-

jueves, 3 de enero de 2013

"En un verde lejano lugar"



"La espera" obra del pintor Leopoldo Presas (argentino 1915-2009)

Después de la partida de Amir,  Clara se aplicó a su trabajo y a pasar los fines de semana con su abuela; le ayudaba a Jacinta en los preparativos para la boda;  ropas,sábanas, manteles y demás, corte y costura mediantes, todo lo que implicaba tiempo y horas de trabajo.   Siempre muy callada, hablando nada o lo indispensable. Rosario preocuada por su salud, la llevó al médico, después habló con la patrona para hacerle saber del trance de la jovencita y de alguna manera advertir si acaso la viera con distinta actitud en el trabajo.La señora la tranquilizó con respecto al accionar de la joven quien seguía siendo muy dedicada en sus tareas como afectuosa con los niños. Y la buena señora se mostró muy interesada por la salud de Clara y decidia a ayudarla a superar la difícil circunstancia que bien comprendía. 
 El interés de la patrona por Clara fue más allá, en las vacaciones los Azurin viajarían a la costa, como acostumbraban todos los años, para pasar unos día donde disfrutarían del mar; como su automóvil era amplio le pidieron a Rosario el permiso para llevar consigo a Clara a quien los niños habían cobrado gran afecto
Rosario, como mujer experimentada, pensó que no todo era desinterés de la mujer al ofrecer llevar con su familia a Clara, pero como sabía hacer, puso en la balanza todos los aspectos y concluyó que le vendría bien ese viaje a su nieta.

Alrededor de un mes desde que hubo partido llegó una carta para Rosario, la remitía Amir y dentro venía, en un sobre algo más pequeño, una carta para Clara. En ambas, aunque con distintas frases les contaba del reintegro al seno de su familia y les decía que, si de algo sentía nostalgia por los días pasados en el Sur, era de los domingos en La Veguita y de la amistad y afecto que allí le supieron brindar.
...................................Continuará..............................................
Los hechos y personajes de este relato son imaginarios.