domingo, 24 de diciembre de 2017

Cuento en la Navidad


"Qué fue de Mercedes Alvarado" (*)

                                                                 Imagen de Todocolección.net

Cuando el antiguo reloj de carrillón dio las doce campanadas en la noche de esa navidad, Mercedes Alvarado entendió que era otra mujer. Al fin en paz con su conciencia apuró su copa de champan, de la última botella de Dom  Perignon. Todavía antes de retirarse vació en el lavabo lo que quedaba en la botella y la arrojó al balde de residuos. 
Era el final de un proceso que había comenzado tres años antes cuando decidió dejar su exitosa carrera de actriz. Siempre había tenido en el subconsciente la idea de no  dejarse ver por el público en la declinación de su vida. Su decisión coincidió  con el día en que su exmarido, famoso director de cine, le había anunciado que se separaría de ella. Después  supo que lo hizo   para unirse a una actriz joven, revelación del año. -¡Como si la juventud fuera contagiosa!- Pero allá él.  Mercedes ya había notado que juntamente con estar llegando al medio siglo de vida, las primeras señales de vejez se insinuaban en su cuidado cuerpo y en su famoso rostro.
Hubiera podido buscar revancha enredándose con algún joven del ambiente. Era muy bella aun y contaba con una cuantiosa fortuna que sería de gran atractivo para más de un galancito. Pero como siempre fue su actitud en la vida, primó su dignidad a pesar de saber que elegía el camino más difícil y cruento .
Dos años antes, cumplidos todos sus contratos y asesorada por su amiga y representante Marisa Artana, había adquirido una finca en aquel pueblito de la costa, no tan alejado de la perla del Atlántico pero lo suficiente como para mantenerla en el anonimato. Nadie debía saber, en especial la odiosa prensa de espectáculos, cuál había sido el destino de la famosa Mercedes Alvarado.
Un año atrás había dejado Buenos Aires sin que nadie se enterase y ocupó la casona de la finca adquirida en la costa. Marisa le había conseguido un ama de llaves asegurándose de su discreción. Antes de despedirse de Mercedes le sugirió que se contactara con un grupo de damas, una especie de club de canasta que se reunía para hacer, además, obras benéficas. La reacción de la actriz fue tremenda y le prohibió terminantemente que volviera a hacerle otra sugerencia por el estilo. Al despedirse le pidió que no se comunicase con ella pero, ante las protestas de la fiel representante y  para tranquilizarla, le aseguró que en  la eventualidad de necesitarla ella se comunicaría.  
Ya en su refugio, con la sola compañía de su ama de llaves que cada día se presentaba a cumplir las tareas de la casa y del jardín. La otrora gran actriz volvió a dedicarse a la pintura,  arte en el que  había incursionado  en su temprana juventud, antes de  que todo su tiempo fuera absorbido por su competitiva profesión. También recurrió a la lectura y a la música para compensar el enorme cambio de su vida de la vorágine de la ciudad a esta calma agobiante del retiro. 
Mas sus quehaceres no lograban darle tranquilidad a su alma. Su mente se empeñaba en traerle a la memoria actitudes mezquinas de los tiempos en que estaba en la cumbre de la fama. De los viajes con su exmarido cuando retaceaba las propinas a las mucamas en los hoteles de lujo y a los mozos de los distinguidos restaurantes que frecuentaban. Entendió que aun sabiendo del aumento del porcentaje de pobres en los suburbios de las ciudades que visitaban, empezando por Buenos Aires, nunca ella ni su marido habían aportado un centavo para beneficencia.  Como si su principal objetivo fuera obtener éxitos y acumular fortuna. 
Con el paso de los meses, esos ingratos recuerdos de sus vigilias, empezaron a aparecer en sus sueños y recurrió a Marisa para que le consiguiera los   somníferos con que afrontar sus noches. Se preguntaba por qué su vida habría estado signada por ese afán de acumular dinero. Y fue en un atardecer en que extrañamente la invadió una suave calma, mientras estaba tendida en uno de los mullidos sillones teniendo al frente un gran ventanal que le permitía ver el  océano, cuando entre brumas encendidas por el arrebolado  ocaso, divisó una rara embarcación, de características egipcias.  Los tripulantes vestían ropas de militares unos y  ricos atavíos los otros a la vez que más  hombres y mujeres vestidos con andrajos hacían las tareas propias de los sirvientes. Se vio ella entre esas mortificadas mujeres sufriendo sed, hambre y un calor infernal. Sentía en carne viva el colmo del sufrimiento y desesperada  corrió hasta la borda para  arrojarse a las aguas.  Después pudo ver, desde un plano superior en altura, como su cuerpo era devorado por tiburones y las aguas quedaban teñidas  con su sangre. Entonces la inundó una luz muy blanca a la vez que aliviado su sufrimiento la envolvió una paz como nunca había conocido. Entendió que había muerto. Acababa de conocer su final en una vida anterior.

Sintió que una revelación le había ayudado a poner en orden su mente: era por eso su afán por acumular riquezas en su vida actual. Cuando reparó en que estaba rodeada por la oscuridad supo que la esperaba una larga  noche sin sueño.
Al amanecer el nuevo día ya había resuelto y planificado qué haría con su vida y con su fortuna. Era mediados de octubre y faltaba poco más de dos meses para la Navidad. Llamó a Marisa y le encareció que viajara lo antes posible a reunirse con ella. 
En vano la fiel amiga trató de disuadirla. Mercedes Alvarado había tomado la decisión  de desaparecer para siempre. Tomaría los hábitos de las  Carmelitas Descalzas en el convento de San Bernardo, en Salta. Respecto de sus bienes, indicó que para esa navidad se obsequiaran pinitos, con luces y regalos para todas las familias indigentes de las villas y asentamientos de la comuna de General Pueyrredón. Sobre la finca y vivienda determinó que se  destinaran a Hogar  y tratamiento de enfermedades de mujeres solas y de sus pequeños hijos de hasta dos años.  
Así lo gestionó azorada y sin poder creerlo, la fiel Marisa Artana, ante la escribanía a cargo del Registro número uno de la ciudad.
Por eso fue que en la nochebuena, transcurridos diez minutos escasos del día 25 de diciembre, quien fuera Mercedes Alvarado dormía plácidamente y por última vez en la lujosa casona que había comprado para su pretendido retiro.
En sueños sonreía viendo un corso interminable de niños cada uno con su colorido arbolito de navidad, Tal como ella lo había dispuesto.

(*) Los hechos y personajes, de este cuento, son ficticios.-

viernes, 8 de diciembre de 2017

AL CAER LA NOCHE

Un cuento de mi autoría (del libro "Arcoíris Patagónico")


                       
I
Dentro de un momento, con la primera estrella, caerá la noche sobre la escena del mundo. Y en un barrio cualquiera de los suburbios de una  ciudad, de un país  equis, entrarán en acción  diversos personajes:  la prostituta, el noctámbulo,  la  travesti, varios chorros, más indigentes, los policías de la patrulla, el sereno del estacionamiento,  el novio formal, la novia del novio formal, los tahúres,    los vendedores de drogas, y el Barman de “Ilusiones Nocturnas”, un  restó bar de dudosa fama que permanece abierto merced a las sumas del más sucio dinero con que el  propietario lo  adorna al jefe de policía.

Sisí, la trotacalles, tiene su zona de trabajo y Lulú, la travesti que  oficia de lo mismo, también la suya. Ambas respetan la zona de la otra y se cuidan de no invadirla a riesgo de salir muy maltrechas o algo peor.

Juan el indigente se cruzará con las dos y extenderá  la mano por una moneda que casi siempre llega pero que esta vez no disponen porque es temprano todavía.  Justo es decir que las monedas, habidas por las chicas, llegan a las manos del pordiosero  con más frecuencia de lo se pueda  imaginar. Ellas saben lo que es el hambre.

El agente de policía, viaja en bondi y uniformado desde su casa en otro barrio, para estar a la hora en punto en su puesto de la calle lóbrega por mal iluminada. En tanto  Juan  Novio quien  ha llegado del trabajo a casa de sus padres y después de ducharse comerá un poco y apurado a instancias de su  buena madre, antes de salir  corriendo, porque pierde el colectivo que lo llevará al barrio sur, dónde vive su prometida.  Esa noche irán a ver una cinta romántica en un cine del centro.

Juan Barman,  aprontará sus medios de trabajo en la barra, la máquina cafetera a que necesita un tiempo de precalentamiento antes de estar a punto para  expulsar el vapor que calentará las tazas y el agua caliente que pasa por los filtros para preparar la infusión más pedida cada noche; los pocillos para el café, los vasos y las copas para las distintas bebidas desde el vino a los licores. Mira su reloj y piensa que pronto llegará Juan Mozo, su nexo  con los clientes  que se ubiquen en el salón.

Al mismo tiempo en un conventillo del suburbio más alejado e insalubre Juan  Hurto recién se levanta y se toma unos amargos antes de ganar la calle porque  con la primera estrella y la consiguiente penumbra  ambiental se iniciará  la parte más propicia para su medio de vida : el choreo.

En tanto en un departamento de mediana calidad,  se da una ducha Juan fullero, el que más tarde iniciará su gira en búsqueda de mesas con tapete verde donde  tentar a la fortuna en la timba ya sea a los dados o las cartas del póker según el target de sus ocasionales contendientes. No tanto por el azar como por la habilidad tramposa de sus dedos. Pasará primero por el restó bar para enterarse por el mozo si habrá ambiente esa noche.

Juan Nocturno también ha salido del trabajo. Cuando todas las estrellas se distingan en el cielo , entonces  por hábito y costumbre se aprontará para salir esa noche como casi todas , a veces con los amigos y a veces solo, a caminar sin rumbo fijo en procura de lo que la calle, siempre pródiga en ofertas, le ponga al alcance de sus ansias de diversión.

A la vez, o acaso antes, que la demanda no tiene horarios, Juan Raviol saldrá temprano con la inocente mochila que lo asemeja a un laburante de regreso a casa, o mejor aun a un estudiante adulto en camino a clases nocturnas. Aunque no sean, precisamente, libros lo que carga. 

II
Ya ha aparecido una luna rojiza en el  horizonte,  que todavía no se divisa desde las calles, cuando Sisí se cruza con Juan Novio que ha bajado de un bondi, ella ve en él un posible cliente e intenta un sugestivo: - Hola guapo- que el hombre ignora y la mujer , sin inmutarse, sigue su lenta y sensual caminata.
 En el Restó Bar  Juan Barman cambia unas palabras con Juan Mozo que acaba de llegar y se dará una vuelta por la cocina para enterarse si hay algo nuevo que se agregue al menú habitual. 
En ese momento Juan, el agente, con el bastón en la mano derecha asida esta a nivel de la muñeca  por la izquierda, detrás de la cintura, camina atento a mantener el orden, lo que a la vez le permitirá hacerse de algún rédito extra para engrosar su escuálido sueldo.  comenzará la ronda caminando con paso pausado y firme frente al cartel deslucido de “Ilusiones Nocturnas”.-
En su zona Lulú, ataviada con su atuendo exagerado en colores y escaso en  telas;  ve pasar a  Juan Hurto que por costumbre le espeta un piropo grosero sin otra intención que ofenderla. Pero  a ella no le importa  porque ambos saben que recíprocamente se rechazan.  Lulú es para Juan un trolo travestido y lo ubica más abajo que él en la escala de patéticos; en tanto que un sentimiento igual pero a la inversa siente ella por el chorro.
Media cuadra más adelante la travesti ve con envidia a una pareja que pasa del brazo  por la calle. Son Juan Novio y su prometida felices en su mundo yendo a ver el estreno romántico en un cine del centro. Ya pasaron y Lulú se vuelve aun para verlos alejarse. En realidad no los envidia,  sólo se pregunta cómo será la  vida de dos enamorados. 


                                                                               III

La luna llena, ya reina en el cenit y la noche  está poblada por todos sus personajes  que se mueven  con sus sentidos expectantes  en procura de aprovechar la ocasión que satisfaga las ansias que los impulsan. Es simple, sólo se trata de cruzarse con la oportunidad y no dejarla pasar. Alerta pues que tal vez la noche se las ofrezca sólo una vez.
“Ilusiones Nocturnas” ya ha renovado varias veces los ocupantes de sus mesas. Juan Mozo repasa por enésima vez  con la rejilla grasienta la superficie de la mesa nueve, y como ya ha dicho el consabido “Buenas Noches” a la pareja que ahora la ocupa, pregunta: -¿Qué se van a servir? Bien pudieran ser Juan y su novia pero  no lo son; es otra pareja de tantas  que pasan , entran y piden sin mirar al mozo porque están demasiado ensimismados en mirarse entre ellos  y seguirán con mimos y arrumacos  y pasarán el rato hablando de sus cosas y haciendo planes o simplemente diciéndose cuánto se aman.  A Juan mozo ya le duelen los pies y faltan por lo menos tres horas para cerrar. Otro tanto le sucede a Juan Barman.

Es muy tarde y Sisí ya ha ingresado cuatro veces al Hotel de luz mortecina al que habitualmente lleva a sus clientes, y ahora va por el quinto…¿Quién será? ¿Cómo será? Poco le importa, debe parar la olla. En  casa, son ella su hijo  sin padre y su viejita…Ah! Pero ahí acaba de aparecer, bajo el farol de la esquina un noctámbulo, manos en los bolsillo y la vista alerta, no es otro que Juan Nocturno que a falta de mejor suerte, no quiere terminar la noche sin una emoción fuerte y entonces, cuando se cruzan él pregunta: - Cuánto por un completo, bombón? –Doscientos responde ella y espera su reacción que llega  por una señal de cabeza afirmando y ella con otra cabeceada le indica que la siga…al Hotel de la luz mortecina.-

En la parte de atrás del Restó Bar, en una pieza que solo tiene como muebles la mesa redonda con tapete verde , seis sillas e intercalados tres banquitos para apoyar las copas y ceniceros,         se juega fuerte al póker y es en ese campo donde Juan Fullero con cuidadosa habilidad da las cartas y mientras con la vista mira a los contrincantes para distraerlos , sus ágiles dedos, de uñas cuidadas y preparadas al efecto, tratan de adivinar que cartas les da a los otros y en el momento preciso dejarse para así la carta clave para llevar ventaja. Es cuidadoso porque si lo descubren puede significarle como mínimo una paliza y de máxima la muerte, dos cicatrices lleva  en su cuerpo  que le recuerdan sendas veces en que lo pescaron haciendo trampa. En el ambiente de la timba no se andan con vueltas. Pero eso es lo suyo, su medio de vida y su destino.
Lulú charla ahora acodada en la ventanilla de un coche con el motor en marcha. Están tranzando, el hombre pretende tal cosa y ella le da el precio y luego le aclara que si además se le ofreciera tal otra, tal otro será el costo.  Al rato el automóvil arranca y parte lentamente. -No tuviste suerte?- Le pregunta Juan Raviol, que observaba la escena y ahora sale de las sombras con su mochila que no lleva libros sino dosis prolijamente acondicionadas de cocaína. – Vuelve en un rato, dice la travesti. Dame un raviol, ¿Cuánto?  - Doscientos. -  le dice él y ella replica

-Dejate de joder, tu merca está muy cara. -Vos te la ganás fácil dice el joven. -¿Ah, sí? Te cambio de oficio por una noche, vos me das la mochilita y yo te paso mi  pilcha y la peluca.

–Ni loco... - ¿Bueno comprás o no? - Sí dame…¡ ladrón!

Le paga Y con el paquetito se va a sentar en un recoveco sombrío  para darse un toque. 

Ya es próxima la hora de cerrar, el agente se apersona en el local que ya conocemos, el barman lo hace pasar a la oficina del patrón que le va a pagar doble coima  un sobre para él y  otro para el comisario. El segundo es más abultado pero no hay riesgo que el agente meta mano porque las tarifas están claramente acordadas  previamente. Y la jerarquía es la jerarquía, esa gente tiene códigos, qué embromar.

(IV)
Ya casi es la mañana  cuando el agente de policía, que vuelve a su casa, ve un cuerpo tirado en la costa del sucio río contaminado y se acerca a examinarlo  con detalle  para comprobar que está muerto,  entonces saca su celular para llamar a su base.  Entre tanto los personajes protagonistas de  esta historia , entre quienes se cuenta el ignoto  homicida , se replegarán a sus respectivo refugios antes que el sol del nuevo día ilumine a pleno ese  barrio cualquiera en  los suburbios de una  ciudad, de un país  equis. (Final)