jueves, 27 de abril de 2017

ARCOIRIS PATAGÓNICO



Un nuevo libro de narrativa compuesto por cuentos surgidos del Taller literario dirigido por la periodista y escritora Graciela Vázquez Moure. Quienes escriben viven en la  ciudad cordillerana de San Martìn de los Andes.


Algunos títulos elegidos al azar son: Huída del paraìso, Danza estelar, El puñal en la tumba, El hilo dorado, el bosque de Tristán, entre medio centenar de relatos.
Por ejemplo "El protector" cuento de Juana Echeverrìa, comienza así: El coloso estaba ahí para ampararlos de todo mal, aquella montaña imponenteque protegía al asentamiento del bravo viento norte, que muy pocas veces se antojaba malvado, cuando sacudía las casas a su antojo.

"Danza estelar" cuento de Roberta Casal, comienza con este párrafo: Thaís se recostó sobre la hierba cerrando los ojos y adormeciéndose, mientras imágenes estelares danzaban en su mente.Hasta que un profundo sueño la llevó al mundo onírico. 

Otra autora: Beatriz Bebagna,  entre otros cuentos escribió "Soledad" que inicia así: Cada atardecer vuelve a esa playa de piedritas blancas donde el frondoso bosque se cierra como telón de foro.El lago adelante dibuja el proscenio.
Ama caminar sobre ese pedregullo tibio después que el implacable sol de verano cae detrás de esa exhuberante arboleda con tintes azulados.

Nota: quien desee adquirir el libro, contactarse con este Blog . 

martes, 18 de abril de 2017

"La princesa del Azar"


Organizando la boda
Partiendo de Constitución el tren fue recorriendo los verdes campos de la provincia de Buenos Aires donde cada tanto rompían la monotonía de la pampa los molinos de viento para extraer agua que el ganado vacuno bebería de los tanques australianos. Viendo los bovinos que pastaban inmutables al ruidoso paso del convoy, Bernardo pensó en sus propios rebaños muy lejos allá en el sur. Con la caída de la tarde y contemplando el arrebol del cielo lo invadió la nostalgia ante la inmensidad del paisaje que pronto sería borrado por las sombras de la noche. Cuando el sol terminó de ocultarse se dirigió al salón comedor para cenar antes de retirarse a su camarote.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba y traspusieron el Río Colorado, ingresando a la Patagonia, se consideró en la gran región de  la cual se sentía oriundo si bien distaba de estar cerca del propio terruño. Al trasponer el Río Neuquén, otro hito en el largo viaje, volvió a recordar a Aurora. En dos meses harían juntos este mismo viaje. Imaginó cuánto más ameno sería entonces. Faltaban unas cinco horas para llegar a Zapala. Tomó un libro y se dispuso a acortar el viaje con su lectura.

Llegado el tren a Zapala y como siempre lo hiciera, se fue a descansar al hotel para salir al día siguiente temprano hacia la

Marta se alegró tanto cuando Bernardo le hizo saber que iba a casarse. La buena mujer recordando a la madre no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas en las que confluían muchas cosas. La tristeza por la ausencia de sus primeros patrones, así como por los  años transcurridos en Piedra Amarilla, con los que se había ido también gran parte  su propia vida. Pero también sus lágrimas por ese niñó que ayudó a criar, al cual vio crecer y al que sentía como su propio hijo. Y porque este hombre ya, medio hijo suyo, al fin había decidido tener una compañera, como debía ser, como lo indicaban las buenas costumbres sociales.

Marta no pudo evitar pensar que ella misma ya no lo podría acompañar mucho tiempo más. Contaba ya sesenta y tantos años y no sabía hasta cuándo su salud le permitiría ocuparse de sus obligaciones de casera y hacer que todo estuviera en orden en la casa familiar.

-Al fin podrás jubilarme- Dijo- Ya no voy a hacerte falta.

-Nunca diga eso Marta -Le dijo Bernardo abrazándola y secando sus lágrimas-  Used siempre hará falta aquí y ya sabe que “Piedra Amarilla” es también su casa.


Bernardo se propuso iniciar de inmediato lo atinente a la boda y a la nueva vida que iniciaría en compañía de Aurora.  Decidió mejorar el confort de la casa y comenzaría por unir dos dormitorios contiguos, el suyo y el que fuera de sus padres, para eso trajo a dos albañiles del pueblo. Las reformas incluirían una estufa a leña,toilette y vestidor. Según había comprobado su prometida poseía numerosos vestidos y distintas prendas. Le gustaba vestir bien y a la moda, por eso necesitaba un vestidor con amplios guardarropas. Quería que su esposa estuviera cómoda y que a pesar de vivir en el campo, no extrañara las comodidades de los departamentos de la ciudad.

En la primer visita al pueblo, habló con el juez de paz para que en el día elegido los casara en la misma estancia. Le encargó a Fidel todo lo atinente a las compras para el banquete de la fiesta, que por supuesto se basaría en asado a la criolla y las tradicionales empanadas. También el capataz contrataría a un par de mujeres para ayudar en la cocina y otra para confeccionar una linda torta de bodas.

La organización de su casamiento sumada a los trabajos propios de administrar la estancia , lo mantuvieron ocupado y entretenido, ayudándolo a transcurrir los dos meses que faltaban para la boda y que vislumbraba pasarían muy lentamente. ( Continuará)
----------------Los hechos y personajes de este relato, son ficticios y por lo tanto no corresponden a la realidad. Cualquier coincidencia con personas o hechos reales es mera casualidad.----------

lunes, 10 de abril de 2017

La princesa del Azar


Un paso importante II (continuación de la entrada anterior de fecha 01/4/17)
Al día siguiente se encontraron para buscar un departamento; Bernardo había consultado con su amigo, el empresario porteño Eulogio García,  quien  le recomendó una inmobiliaria. Después de asesorarse y tomar conocimiento de varias posibilidades, optaron por un departamento, de dos dormitorios, ella hubiera preferido algo más reducido, pero él tenía planes a futuro y por eso el contrato fue firmado con derecho a compra como para utilizarlo cuando volvieran de paseo o por negocios a Buenos Aires. Aurora insistió en hacerse cargo del alquiler, al menos hasta que ya fueran matrimonio.

En un aparte, él le murmuró al oído:- Mi amor cuento con que me invitarás a pasar una noche para estrenarlo juntos. Ella procuró sonreír enigmáticamente en un gesto que él interpretó como afirmativo.

Pasaría no menos de una semana para que el departamento quedara habitable, Bernardo postergó su regreso al sur y procuró la ayuda de su amigo para el acondicionamiento y demás trámites porque quería que antes de su partida, su prometida quedara adecuadamente instalada como para no tener que estar ocupándose de esos trámites.

Aurora se sintió halagada como hacía tiempo no lo había sido. Si bien al lado de Esteban se había sentido segura, por estar junto a un hombre y también en lo económico,  ahora se daba cuenta que había sido por rutina devenida de la sociedad de la que formaba parte en El azar. El negocio había sido el motivo por el que habían continuado juntos.

Cuando Aurora quedó instalada en el nuevo departamento, la noche anterior a su viaje a la Patagonia,  Bernardo ordenó comida en una rotisería e invitaron  al amigo a cenar. Eulogio brindó con ellos y argumentó un compromiso para retirarse temprano y dejarlos solos. Por fin Aurora invitó a Bernardo a pasar la noche  aunque le costaba mucho porque se le hacía difícil desatar los tabúes que la ligaban a   su anterior relación   antes de iniciar una nueva.

En cambio para Bernardo, aquella primera vez con Aurora tenía otras connotaciones que de algún modo también lo cohibían. Desde alguna relación muy juvenil con una muchacha del pueblo próximo a la estancia, cuya emoción reapareció en los momentos de intimar con su futura esposa, él siempre había buscado solo satisfacer sus apetencias varoniles no pensando en  una relación para siempre. Ahora era otra cosa, Claramente y sin dudas quería hacer de Aurora su compañera de vida en adelante y para siempre, así se lo manifestó y ella aceptó feliz sus palabras y le prometió acompañarlo siempre, sabiendo  que acaso esa fuera para ella la última oportunidad de ser feliz.   

Después de la cena una copa, un café y poco a poco el calor de la intimidad contribuyeron a dejar atrás lazos e inhibiciones y pudieron entregarse al amor, volcando en el acto sexual todas sus ansias contenidas hasta ese momento. Y aunque el destino podría en el futuro traerles sorpresas no deseadas, en aquel momento vislumbraron un horizonte donde  la felicidad sería eterna. (Continuará)
(Los hechos, lugares y personajes de "La princesa del Azar" son ficticios y por lo tanto con corresponden a  la realidad.)



sábado, 1 de abril de 2017

Un paso imporante


Esa noche, Bernardo la pasó a buscar y su prometida quizo que conociera a Rosalía. Él aceptó pasar sólo unos minutos por cortesía ya que estaba ansioso por estar a solas con Aurora y enterarse de la situación. Después, ya ubicados para cenar en el restaurante del que él era habitual cliente, ella le narró, brevemente y sin dramatizar, que había terminado con Esteban, lo cual Bernardo celebró y propuso un brindis. Del trato y de los términos del mismo se habló lo mínimo ya que ninguno de los dos estaba interesado en comentar  ese aspecto. El hombre sólo quiso saber si las cosas habían sido acordes al interés de ella y ante la respuesta afirmativa quedó conforme. Luego la conversación se fue encaminando a lo que a ambos les interesaba. El futuro como pareja. Aurora hubiese deseado poder partir junto a Bernardo hacia el sur, alejarse de esa ciudad que en tantos lugares le recordaba como un fracaso, la finalización de su relación con Esteban.  Pero no podía, debía retirar todas sus cosas del departamento, esperar para la firma de un documento  ante escribano y conseguir un lugar   donde vivir. Su prima tenía familia y ella no quería molestar,  se hubiera sentido incómoda. Y por otra parte necesitaría vivir sola un tiempo para poner distancia y reflexionar. Rechazó la propuesta de que se alojara en el  mismo hotel donde siempre lo hacía su prometido.

Bernardo también prefería que Aurora no viajara ya, le habría gustado pero tenía que preparar varias cosas en la estancia, la más importante  sería informarle   a Marta, el ama de casa que  había  sido su institutriz. Era como la figura de su madre y su padre juntos. También debería acondicionar una habitación matrimonial y pensó en varias reformas para ofrecerle mayor confort a su esposa. Pensarlo así le sonó raro, su esposa.

A ella le hizo bien que la cena transcurriera en un ambiente distendido y lleno de gestos románticos por parte Bernardo, ella se sentía bastante cohibida, acaso luchando con la culpa establecida por las costumbres en cuanto pautaban que una separación era  mal vista porque la mujer al elegir un hombre debía serle fiel hasta la muerte. Él partiría en tres días de regreso al sur y se ofreció para acompañarla en la búsqueda del departamento donde ella viviría hasta el feliz momento de concretar su unión.
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Esa noche fijaron fecha de  casamiento para dentro de dos meses. ( Continuará)
Los hechos narrados, lugares y personajes son imaginarios y por lo tanto no corresponden a la realidad)