jueves, 2 de noviembre de 2017

"ASESINATO EN EL TEATRO"




                                      I

Faltaba una semana para el estreno de “La Zorra y las uvas” de Guilherme Figueiredo, en el teatro “La Máscara”. La compañía que dirigía Fernando Del Río ensayaba a ritmo intenso, ya incorporados vestuarios y utilería. Esa mañana de viernes, el elenco estaba citado para las diez. Como era habitual se reunirían en la sala de estar, detrás del escenario.
Ya estaban todos, incluída Graciela, la asistente, sólo faltaba la actriz principal, Leonor Gutiérrez.
-¿Habrá llegado? Preguntó Fernando.
-Sí. –Respondió José-  un actor de color que representaba el personaje de un esclavo etíope.- La escuché repasar letra en su camarín.
Entonces Fernando recordó que ella le había comentado, el día anterior, que hoy vendría más temprano que los demás, para fijar la letra de la escena final.
-Entonces debe estar en el camarín. Graciela, por favor, avísele que vamos a comenzar el ensayo.

Mientras esperaban, el director informó al elenco que pasarían la obra completa, sin interrupciones; y desde el día siguiente se agregarían los técnicos de luz y sonido.
No responde –dijo la asistente regresando de interiores - Se habrá retirado, porque llamé varias veces.
-Cómo se va a retirar. José la habría visto salir- Dijo molesto el director.
-No la vi salir - Respondió el aludido.
Es raro-dijo Fernando y agregó -Venga Graciela, acompáñeme por favor.  Ambos salieron hacia el camarín. Llamaron sin obtener respuesta y el hombre anunció en voz alta que iban a entrar; abrió la puerta y su expresión fue un grito ahogado. A espaldas de Fernando, la asistente alcanzó a ver el cuerpo  en el piso, sobre un charco de sangre. Fernando se volvió, el rostro pálido murmurando -Dios mío-  y se apoyó en la joven para no caerse.
Los demás acudieron al llamado de Graciela. Entendieron que algo muy grave había ocurrido. Los hombres se asomaron a la puerta del camarín y la asistente les advirtió que no entraran
-Que alguien llame a la policía. 

                                                                    II

Los tres cuartos de hora siguientes fueron interminables. De pronto el optimismo  del día anterior ante la proximidad del estreno, se vio reemplazado por la desazón general. Se habló muy poco y sólo para preguntarse ¿Quién?  ¿Por qué? .


La asistente lloraba; todos sentados como si las fuerzas los hubiesen abandonado de repente. Fernando seguía pálido y demacrado; Elena su mujer, vestida con la túnica griega de su personaje lo consolaba en silencio con un brazo rodeándole los hombros.

Por fin golpearon a la puerta. Sintiendo que sus pies pesaban toneladas, Gustavo otro de los actores se levantó, pero antes que diera un paso la puerta se abrió y un elegante hombre  cincuentón , de impecable traje gris, apareció en el umbral. Miró al grupo, fijando por unos segundos la vista en cada uno antes de decir:

- Soy el comisario inspector SantiagoAlesci.
                                                                                 

Despidió al gerente del teatro que lo había acompañado, hizo entrar a un ayudante  y preguntó por el director de la compañía. Fernando debió ser ayudado a ponerse de pie y el policía le pidió que le indicara dónde estaba el cadáver. Después de examinar el camarín el comisario volvió y se dirigió a los presentes para decirles que  nadie debería retirarse de allí sin su autorización. Permanecerían ese recinto, especie de salón de pasos perdidos detrás del escenario, con acceso por un lado a los baños del personal y por el otro a los camarines. En las salidas de ese sector  ubicó guardias.


Luego  le hizo preguntas generales a Fernando acerca de quién y a qué hora había encontrado el cadáver; le formuló otras preguntas sobre las costumbres y modalidad de trabajo del grupo.


Como el gerente había autorizado al policía para utilizar una oficina contigua, estableció en ella su despacho. Para luego, según les explicó inciar los interrogatorios a cada uno de los integrantes del elenco teatral.
                                                                            III



El primero en declarar fue Fernando, lo hicieron pasar, el secretario estaba presto para tomar registro escrito  de la declaración. Debió explicar que  además de dirigir era  actor y hacía  el papel de Xantos, un rico comerciante y sofista de la isla de Samos, en Grecia.  Acerca de su relación con los miembros de la compañía, manifestó que era la habitual entre el director artístico y un elenco concertado. A excepción de su relación matrimonial con Elena Bordeau, actriz.


El policía le preguntó desde cuando conocía a la occisa y qué sabía de  su vida privada.  La conocía desde algunos años antes, ya que había integrado otro grupo  actoral en su compañía y que actualmente estaba divorciada.


Terminada su declaración, Fernando volvió con el grupo y, a pedido del detective, transmitió a José Uribe que pasara a declarar.

Ante las preguntas, el actor visiblemente nervioso,  explicó cuál era su rol en la obra; aclaró que su personaje no tenía texto, sólo su presencia en algunas escenas, en dos de  ellas las actrices  declamaban sus monólogos dirigidos al etíope,  su personaje. Debió relatar todo lo que vio ese día desde su llegada al teatro; desde que  el sereno le abrió la puerta de entrada de actores, porque no todos en el grupo tenían  llave. Como el detective quiso saber quiénes la tenían , respondió : -El director. 

Cuando  le indicaron proseguir,  José manifestó que se dirigió al lugar de reunión y en ese momento escuchó la voz de Leonor, repitiendo el texto de su personaje. 

-Habló con ella?

 –No, señor. No le gustaba que la molestaran en su camarín y… yo no tenía confianza con ella.

 -¿Y con quiénes  tenía confianza ?- quiso saber el comisario.  

José pensó unos segundos mientras el inspector lo miraba al rostro, por fin dijo: - Con Fernando y la esposa…y también con Miguel Ureña, el actor principal.
Siguieron las preguntas, el declarante no tenía conocimiento acerca de alguna relación sentimental de la muerta, ni enemistad manifiesta con alguien del grupo.
Finalmente le preguntó quién había sido el siguiente en llegar, y contestó que Gustavo Ruíz otro  actor del elenco.
Con alivio el joven actor negro recibió orden de retirarse, pero no del teatro, donde debería permanecer para el caso que debiera volver a ser interrogado. Finalmente el policía le pidió:   Dígale al señor Gustavo Ruiz que lo espero.

                                                                           IV


Entró a la oficina Gustavo Ruiz, treinta y cinco años, actor en el papel de Agnostos, un capitán de guardias venido de Atenas, huésped de Xantos en su residencia.


Confirmó que al llegar ya se encontraba allí José, que no vio en persona a la actriz; que su trato con ella no iba más allá de estar ambos en la misma puesta.  Que no se frecuentaban fuera del ámbito teatral. Y demás aspectos que confirmaron lo dicho por los anteriores declarantes.


El detective observó que el hombre, ataviado con uniforme de época, llevaba una espada pendiendo del cinturón, sobre su flanco izquierdo - para empuñar con la derecha- pensó; en tanto del lado derecho tenía una funda más pequeña pero sin ningún elemento – Permítame su cinturón- ordenó el policía y recién al desabrocharlo Gustavo se dio cuenta que no estaba el puñal. Con la conmoción de la muerte de la actriz no se había dado cuenta de que no estaba el arma. En un segundo lo invadió  el estupor; ¿Cómo era posible, si ayer lo había dejado en el ropero del teatro, en el arnés y junto con el traje? Se lo dijo al inspector, éste lo miró  en silencio. En el límite de su ansiedad el actor le preguntó- ¿Usted ahora sospecha de mi? -Sospecho de todos, fue la respuesta.

Le aclaró que  no podía retirarse del teatro  y le pidió que hiciera pasar a la asistente de dirección.


Un compungido Gustavo Ruíz salió de la oficina, Graciela se adelantó para saber cómo había sido su interrogatorio pero el sólo atinó a decirle que el detective la esperaba. 

Después se dirigió a Fernando para decirle que su puñal, no estaba en el cinto,  acaso él o alguien de los técnicos lo había retirado; el director negó.  Mientras Elena, siempre junto a su esposo, los escuchaba en silencio.  Gustavo quiso saber si el día antes habían dejado el vestuario bajo llave y la respuesta fue afirmativa. 

Al mismo tiempo Santiago dio a sus colaboradores la orden de buscar el puñal que faltaba en el cinturón de Agnostos.



                                                                            V

Al momento de su declaración, Graciela Smith asistente de dirección de la compañía, se mostró segura de sí; coincidió con los anteriores en la información que daban  respecto de lo acontecido esa mañana y no aportó nada nuevo sobre la personalidad de la actriz asesinada ni acerca de sus relaciones. En su caso particular dijo estar viviendo una relación sentimental con el actor Gustavo Ruiz.

De pronto, el inspector le preguntó si ella tenía llave del guardarropas donde se guardaba los trajes de los actores.  Le respondió que sí.

Terminado el interrogatorio , ella quizo saber si ya tenía alguna pista. Después de mirarla a los ojos por varios segundos el hombre le  respondió :- Puede ser…¿Y usted tiene alguna? Ella negó  moviendo la cabeza y el policía pensó que  ella sabía algo más que no le había confesado.

Era el turno de Miguel Angel Ureña. Dijo que tenía cuarenta años de edad, veinte de ellos en distintas compañías actorales de la ciudad, y en este proyecto representando un  personaje tan central como emblemático en la historia, el fabulista griego Esopo.

De las preguntas, efectuadas a los anteriores declarantes, no surgió nada nuevo o decisivo para la investigación.

Entonces poniendo en práctica su estilo de ubicar al otro en su propio lugar de policía, mientras pensaba en hacerle una pregunta insidiosa, lo miró a los ojos por unos segundos, y entonces  percibió que había inquietud y turbación en el rostro del actor. Le preguntó -¿Sospecha usted quién pudo haber sentido tanta animadversión hacia Leonor Gutiérrez, como para asesinarla?

-No señor. - Respondió en un tono que no  era acorde a  un actor de carácter.

Cerrando la entrevista, el policía le dijo: No se retire del teatro, señor Ureña; es posible que vuelva a necesitarlo. Por favor avísele a la Sra. de Del Río que  es su turno.

                                                                   VI


Elena Bordeau se presentó sosteniendo con sus dos manos un peine dorado de utilería, que utilizaba en la primera escena en que Melita, su personaje, peinaba los largos cabellos castaños de Cleia, el otro personaje femenino que protagonizaba la malograda actriz principal.


Santiago la invitó a sentarse y la observó unos instantes, tan pálida como la túnica blanca que lucía.


-¿Se siente bien? -Le preguntó y la respuesta fue -Tanto como se puede estar con esta desgracia.





Respondiendo a las preguntas del inspector, contó que conocía a Leonor Gutiérrez desde hacía algunos años, seis o siete, y que habían actuado antes en otra obra también dirigida por su esposo. La declaración de Elena no parecía tener nada fuera de lo común para aportarle. Ante una pregunta concreta, dijo que la fallecida no tenía pareja actualmente y que desconocía si tenía relación sentimental con alguien dentro o fuera del ambiente teatral.


Concluyendo la indagatoria el hombre la vio con el rostro crispado y todavía muy pálida. Al indicarle que habían terminado por el momento la mujer comentó: -Además de lo terrible de la muerte, se imagina que es un desastre para el proyecto. Mi esposo está destruido anímicamente-

-Lo entiendo-respondió el policía y agregó - Permanezca en el teatro, en unos minutos hablaré con todos.

Mientras buscaban por todas partes, los policías auxiliares encontraron en un estante cercano a la puerta del camarín de Leonor, el grabador de cinta en el cual se podían  escuchar los textos de las escenas en que ella tenía participación. Del aparato  se tomaron las huellas digitales; esto le dio al investigador la certeza de que el crimen lo había cometido alguien del teatro. A la vez descomprimió la situación de José, quien había escuchado la voz grabada de Leonor Gutiérrez.

El que seguía sospechado era Gustavo Ruiz.

                                                                      VII

Santiago miró su  reloj, era cerca del mediodía; sabía que uno de los pasos siguientes sería hablar con  el grupo y conminarlos  para que dijeran todo lo que sabían.

En tanto en el hall del teatro había un grupo de personas porque la novedad había trascendido: habían llegado  familiares, enterados que algo inusual estaba ocurriendo. Se había hecho presente la esposa de José, la pareja de Miguel Angel, periodistas de una canal de televisión y de algunas emisoras de radio; el gerente del teatro, así como   personal técnico y de maestranza a los que  la policía no permitió acceder al sector  del crimen.

El detective habló en privado con el gerente para que se avisara a los familiares de la occisa que vivían en otra ciudad; eso debía hacerse antes de dar un comunicado a la prensa. En ese intervalo, aprovechó para tomar un cortado doble y darle al estómago dos o tres galletitas en razón que apenas salido de la ducha había recibido desde la seccional la orden de dirigirse al teatro La Máscara. Después del frugal desayuno tuvo una breve reunión con el equipo de peritos y finalmente fue a encontrarse con los miembros de la compañía que continuaban reunidos  en el salón detrás del escenario. Les planteó que a esa hora el sospechado era Gustavo Ruiz, por faltar el puñal de su indumentaria, no creía con certeza que fuera el autor del crimen; no era admisible que hubiera usado su propio puñal sin protegerse con  una coartada más consistente.  Y por su parte, su experiencia de investigador le hacía pensar que algunos de los declarantes, no habían aportado todo lo que sabían. El investigador pensaba que el asesinato  respondía muy probablemente a una motivación pasional, por eso necesitaba completar el esquema de las interrelaciones en el grupo. La señora Leonor Gutiérrez, según sus declaraciones, no tenía relación sentimental alguna, nadie la acompañaba hasta el teatro ni la esperaba al terminar su actividad;  él pensaba que ahí, precisamente, estaba la falta de datos aportados. Creía, concretamente, que  alguien del grupo había tenido una relación con ella o alguien más cercano en amistad debía saberlo  en caso que tuviera una relación con alguien ajeno al grupo.

-De modo señoras y señores- termino diciendo el inspector- que voy a realizar otra ronda de interrogatorios y, si alguien tiene alguna información que aporte directamente para aclarar las cosas, le ruego que lo haga a fin de evitarles tener que pernoctar esta noche en la seccional de policía. Se terminaron los códigos corporativos, entenderán la gravedad del caso; una mujer ha sido asesinada. Esta vez el orden  para declarar lo establecerán ustedes. Estaré esperando- Los miró por cinco segundos, luego dijo –Con su permiso- Y se retiró a la oficina donde había constituído su despacho.


                                                                            VIII

El primero que se acercó fue Ureña, el actor de carácter, dijo que lo hacía para ponerle en conocimiento que era gay, lo cual  conocían todos los  miembros de la compañía y que  el hombre que era su pareja estaba en ese momento en el hall del teatro.
Santiago Alesci tomó nota pero le aclaró que su condición no lo eximía de sospechas. Y el pobre Miguel Angel se retiró tan afligido como había entrado. 

La siguiente en volver a la oficina fue Graciela quien dijo que venía para informarle que mantenía una relación íntima con Gustavo, el actor sospechado, y que había pasado la noche anterior en su departamento, que por esa razón se habían dirigido juntos al teatro esa mañana.
-Según tengo anotado  el señor Ruiz llegó primero al sector de reunión donde ya estaba José Uribe.
–En efecto, aclaró Graciela, dije que al teatro llegamos juntos, yo me quedé por algunos minutos en la portería para dejarles una nota a los técnicos, que llegarían más tarde solicitando asistencia para el  ensayo de mañana. Y algo más, señor inspector; llame al director artístico, el seguramente  sabrá respecto a las relaciones sentimentales de la infortunada Leonor.
-Sea más clara y diga todo lo que sepa, señorita.
- Lo siento, sé que son amigos y como tal deben saber si Leonor tenía alguna relación con alguien. Todos los demás sólo  tratábamos a  Leonor en los ensayos.
Ya de regreso a la sala Graciela se dirigió al grupo   y pidió que quienes tuvieran que hablar, lo hicieran porque no era justo que Gustavo estuviera pasando momentos de angustia al estar sospechado.
-Todos sabemos que alguien tomó el puñal, pero eso no significa que él la haya matado porque no tenía motivos para hacerlo.
 Ya eran pasadas las tres de la tarde cuando le trajeron a Santiago el puñal, encontrado entre unos arbustos a tres cuadras del teatro. Como era de práctica, el equipo de laboratorio levantaría las huellas digitales.
Entonces el detective volvió al salón  y habló a todos los integrantes de la compañía. Les hizo saber que en un par de horas tendrían el informe de las huellas digitales y que entonces  quedaría develado el misterio.

-Mientras permaneceremos aquí. Pero si alguien, como pedí antes, desea agregar algo a su declaración anterior, tal vez le sirva de atenuante.
Como sabrán, retacear información se podrá constituir en un agravante.
Fernando pidió hablarle a solas.
-Hable aquí, señor Del Río; ¿No suelen decir ustedes que los actores son una gran familia? y por lo que llevo indagándolos en estas horas, aquí lo saben todo de todos... Hasta yo podría en este momento anticiparle lo que me quiere decir. Pero lo escucho…



                                                                              IX

-Yo mantenía una relación sentimental con Leonor Gutiérrez…

- Hijo de Puta Lo interrumpió su mujer… -y mirando a todos agregó -Sí, él mantenía una relación con ella… Volviéndose a su marido: - yo te amenacé con abandonarte… Después le habló al grupo: - lo amenacé ayer mismo con abandonarlo… Y de nuevo a Fernando:-Por eso la mataste…¡Asesino! …¡Asesino!

Y gritando y llorando se arrojo sobre el acobardado Fernando, golpeándolo como mejor podía.

Dos agentes debieron apartarla.

La sospecha se limitaba ahora a dos personas , Fernando y Elena.-

Si pudiera decirse que develar el misterio de un crimen es motivo de fruición para un detective, este era el caso de Santiago Alesci; porque estaba a punto de colocarle el moño al caso para entregárselo al Juez.

¿Pasaron ustedes la noche juntos? Preguntó dirigiéndose al matrimonio.  La respuesta fue afirmativa y Elena aclaró que había salido primero de su hogar para asistir a una consulta médica antes del ensayo, después se encontraron  a  tomar un café en un bar cercano  para concluir diciendo:
- Y llegamos juntos al teatro

-Terminemos con esto Elena…No fuiste a ningún médico. Te anticipaste, mataste a Leonor…y saliste por la puerta de emergencias, para reunirte conmigo en el Bar Candilejas. 

-Eso se prueba muy fácil, enviaré un agente al consultorio de su médico…señora, deme la dirección…

Entonces Elena se quebró… y en un llanto histérico  les hablo a sus compañeros : -Iba a dejarme por ella. Después del estreno me dejaría…. Sola, después de veinte años y sin siquiera haberme dado un hijo… A esta altura de nuestras vidas  me negaría su amor…su compañía …todo…¿Qué futuro me esperaba?… Por eso la maté.

Y siguió llorando mansa, calma, serenamente. 
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Este relato es solo producto de mi imaginación y no responde a hechos ni personas reales. La trama del relato no tiene nada que ver con la obra que se cita "La zorra y las uvas"  la cual existe realmente y su autor es el dramaturgo brasileño Guilherme Figueiredo.
Prohibido el uso de este texto sin autorización del titular de este blog.